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martes, 2 de abril de 2013

Abril

No sé qué tiene Abril.
Me hace más sensible a mí
más insensible a ti
un dolor febril se instaló aquí
bien dentro, en el pecho
cerca de donde tocabas a placer
para mi placer
para mi bien.

Me tocabas con tus manos
con tu boca
con tu alma.
Pero ahora no,
es tarde.
Quiero tenerte, pero no quiero
es una ambivalencia amor

Ahora es tarde porque huyes
huyes de mí
huyes del compromiso tácito
implícito
huyes del deseo
huyes del amor
huyes de ti.

Juro que puedo ver cómo te escuece el miedo
cómo te presiona el miedo
cómo luchan tu amor, mi amor, con tu miedo.
¿por qué tanto miedo?

He de ser una criatura malvada
has de estar a mi merced
nadie puede salvarte
nadie puede salvarnos de caer en  el amor.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Como repartimos los amigos

Vivía por mí, pero casi para él. Alguna vez llegué a pensar en dejarlo, es curioso, pero nunca pude hacerlo. Entre mi responsabilidad, pretendida, con él, con sus problemas, sus demonios, sus complejos, y lo que sentía por él, no sé qué llevaba la delantera.
Él nunca me necesitó, estemos claros, fue un espejismo, una proyección quizás. Yo necesitaba sentirme útil, que estaba queriendo a alguien, que tendría sentido la lucha; nunca lo tuvo.
Llegando al punto. Así quedamos. Él por su lado, alegando ser víctima, yo por mi lado, queriendo ser el verdugo, cuando no soy más que el producto de un sumiso.
Desde el principio, nunca estuve segura de quererlo tanto, no quería darme cuenta de que así era, disfrute como un espectador de cómo me abría hacia él, como "no involucrarme tanto" era mejor, lo creí enamorado, en un principio. Enamorado como pocos, capaz de hacer cualquier cosa: de mentir, de escaparse, de bajar cielo y tierra y poner a su amada por encima de todo; con el tiempo, las cosas se fueron "enfriando". Aquello se olvidó y se pasó a otra cosa.
Nunca lo entendí.
No es sano permanecer por tanto tiempo con quien te descalifica constantemente.
Llegué a pensar que lo mío era porque resaltaba todas las cosas malas de él, él se encargó de que yo lo hiciera, siempre. Tuvo sus cosas buenas, he de reconocerlo, pero la mayoría, por no decir que todas, fueron coaccionadas, obligadas por mis amenazas; estas cosas me hacían sentir bien al momento, pero luego me dejaban un mal sabor en la boca. ¿qué clase de relación llevo? pensaba, ¿necesito demandar cariño y atención? ¡no! nunca me quise responder, "me hacía la loca", creo que este es el problema de muchas de nosotras.
Nunca entendí porqué estuvo conmigo.

sábado, 25 de febrero de 2012

te he echado de menos

Desperté agitada, mi corazón corría a mil por hora, hiperventilaba y no paraba de pensar en el sueño de hace unos minutos. Mi cabeza martilleaba de dolor, éste sueño repetitivo volvía a mí..

"Sonó la puerta de la entrada, era un toque insistente y enérgico, -¿quién es? -dije, pero nadie contestó. Mi corazón iba acelerado, como potra rebelde. Abrí la puerta, y él estaba ahí
-¿puedo pasar? -preguntó, yo sólo supe afirmar con mi cabeza, y bajar mi mirada, que si pudiera, la misma hubiese derretido el porcelanato de mi piso.

Se paseó con parsimonia por mi sala de estar, cualquiera que no lo conociera podría pensar que estaba taciturno y pensativo, en cambio, yo sé que sólo está esperando el momento para abalanzarse sobre mí.
Le ofrecí café, se negó, de nuevo lo hice y rechazó hasta el té; la lluvia empezó a caer, haciendo estragos y creo que consiente de mi estado; me fui enfriando, y su mirada se volvió tan oscura como la noche antes del amanecer, sin siquiera darme chance de acostumbrarme a su presencia. Echada en mi sofa de terciopelo lila, mis pies reposaban en el aire, salidos del sofá, yo sólo embutida en mi bata de seda color salmón daba la impresión de un duendecillo, aun con mi cabello suelto, enmarañado por la cama.
-¿piensas quedarte allí toda la noche? -mi voz suave contrastó con el sonido del trueno que seguido de un rayo, iluminó la habitación.
Silencio.
Me miró fijo, repasando mi figura. Se acercó al sofa y se arrodilló ante mí, tomó mi pie derecho entre sus manos y empezó a masajearlo.
-¿cómo debo interpretar esto? -le dije cerrando mis ojos y recostándome hacia atrás, mi columna se iba relajando y mi respiración acompasando. Él no respondió.
-Voy por un poco de té -le dije con voz pastosa, y seguí mi camino por el corredor hasta la cocina, no lo oí caminar, sabiendo lo sigiloso como un gato que solía ser; tuve que contener un gemido de asombro cuando tomó de mi cintura y me rodeó con sus amplios, fuertes y tibios brazos, me volteó y puso sus ojos sobre los míos.
Era un juego del que más puede, para mí, hice prueba de mi autocontrol cuando un rayo iluminó mi cocina y con ella los ojos de mi amado, mi gran pesadilla. Miel.
Me besó.
Y lo sentí, en los más profundo y recóndito de mi ser... Fue como el trinar de las aves, mantequilla y azucar derretida, el abrazo de un ser querido, el despertar de un sueño eterno.. El sol sobre mi piel, canela y vanilla, y la arena debajo de mis dedos.
-Te encontré.. De nuevo- me dijo, primera vez que escuchaba su voz, y la vez número un millón que la reconocía."

Su voz acarició mi piel, sus palabras llenaron mi alma y me sentí plena, como cada vez que el hombre de mis sueños volvía a visitarme, pero a la vez; su visita dejaba sabor a hiel y a resignación, por no tener su olor a incienso cada noche acompañandome en mi cama.

viernes, 13 de enero de 2012

De tus supuestos y aparentes.

Las gotas de mis lágrimas dejaron su huella sobre mis mejillas, el marrón negruzco del rimmel manchaba mi rostro y, dejaba surcos y dibujos abstractos.

Restos de un corazón roto.

Sonaba The Corrs de fondo, Sanz hacía la segunda voz, y ya ni podía recordar el nombre la canción, era él...
El dolor en mi pecho iba descendiendo por mis pulmones, mi hígado, el bazo, por todo mi cuerpo; congelaba mis extremidades y estremecía mi estómago, era como el erizar de la piel cuando ésta es tocada por el agua congelada de la mañana. Un dolor seco, punzante, venenoso, invasivo y progresivo.
Su olor ya empezaba a desaparecer de mi cardigan color verde esmeralda, mi cabello enmarañado por sus manos recién empezó a alisarse y en mi boca estaba el sabor amargo de la verdad, mezclado con té natural y, aderezo Cesar.
Sus palabras aún resonaban en mi cabeza. "No puedo", "no es posible", "yo te amo", "quisiera poder hacer algo más". Pero aún así, mi mente jamás olvidaría las cosas que jamás hizo, las promesas dadas por alto, lo que daba por hecho y lo que no.

Querido, sabes que te amo. ¿Verdad?. Es penoso para mí decirte cuánto siento no comprenderte, entiendo, pero no comprendo. Y creo que ese es el problema, entrañablemente te necesito, te justifico siempre ante mí, ante todos; y eso no es lo que necesitas, querido. Mi necesidad dependiente va de lo amada que creo sentirme, de la ilusión que me creé, que nos creé. Porque estemos claros, amor; tú jamás te has entregado con pasión, con el desenfreno de la primera ilusión, con la incertidumbre de la espera, y el desinterés nulo que da el enamoramiento. Que, viéndolo desde mi punto de vista, nos puede durar hasta unos tres años, orgánica-mente. Pero, acaso, debemos esperar hasta tres años para saber que no me quieres como yo a ti, que no me amas así; y discúlpame, querido, me siento en extremo egoísta, tan sólo por pretender que me des un poco más de lo que doy, o sólo un poco de tu atención, querido. ¿Mucho pedir?

Esto te lo pregunté, pero no me respondiste. Las lágrimas amenazaban por caer, te hundiste en el pozo ambar de mis ojos, que a la hora del búho, ya venía siendo color ébano. Tomaste mi cuello, intentando besarme. No lo permití. Acariciaste mi cabello, como lo hiciste tantas veces.. aquellas tardes que pasábamos mirándonos a los ojos, sin más que una manta separándonos. Tomaste mis manos, besándolas sin cesar; juré ver una gota perlada en uno de tus ojos, pero creo que fue mi tonta imaginación, ilusa, la pobre, esperanzada.

Estoy cansada, amor. No quiero saber que lo intentas, quiero escuchar que lo haces. De tus supuestos intentos, de tus aparentes pruebas... Sólo quiero saber que me amas, ¿es mucho?. Que te importo, ¿es así? No puedo seguir contigo... Ésta debe ser la noche más difícil de mi vida, al menos, si te vas, no me sueltes. Si no vuelves, bésame y vete.

Y así, quedaron mis labios y mi corazón rotos... Mi cena en su casa, y su foto frente a mi cama.