Ya recogí todo.
Ven a buscarme, por favor.
Suplicante.
Desde que estoy acá, muy pocas cosas nos unen
es más, diría que nada nos une
solo ésta morbosa necesidad de saber del otro.
Desde que me mudé acá, me ha entrado un gusto por escuchar a Ely Guerra
ella sabe decir mucho mejor que yo, todo aquello que hubiese querido decirte.
Ahora me conformo con escucharlo de su voz, porque jamás te lo diría.
Soy una cobarde.
Somos unos cobardes, jamás nos hubiésemos atrevido a ser felices
O al menos a intentarlo.
Estoy lista para dejarte ir,
mejor no me busques.
Desahogo al amor y al desamor. Cartas anónimas para ti, para ellos, para nosotros. Porque la poesía es cotidiana.
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lunes, 26 de octubre de 2015
lunes, 21 de septiembre de 2015
Between the lines
Enviado para publicación en Tantras Urbanos
Escuchando la canción Between the lines de Sara Bareilles, es imposible que no lo recuerde. Como ella misma lo dice en un verso, que me describe totalmente: I’m queen of attention to details… Tengo ciertos problemas para resumir, porque todo me parece importante, y quizás, esto me sucedió por eso.
Escuchando la canción Between the lines de Sara Bareilles, es imposible que no lo recuerde. Como ella misma lo dice en un verso, que me describe totalmente: I’m queen of attention to details… Tengo ciertos problemas para resumir, porque todo me parece importante, y quizás, esto me sucedió por eso.
Como él mismo me dijo: nuestra historia,
aunque muy corta, estuvo llena de extrañas e inusuales circunstancias. Nos
conocimos por una de estas aplicaciones para móviles que sirven para conocer
gente a ciertos kilometros a tu alrededor. Una vez que empezamos a hablar, ya
no podíamos detenernos; aun cuando yo lo intentaba, era imposible, seguía
sintiendo la necesidad de hablar y saber de él. Era magnético. Sentía que lo
conocía desde siempre. Él representaba mi ideal. El hombre que reunía un importante número de características que me gustan. Mi ideal proyectado. Un metro ochenta y dos, ojos oscuros y profundos, barba cuidada, sonrisa y cuerpo del Olimpo; inteligente, con un humor negro brillante y buena conversación ¿quién podría resistirse a eso?
Día tras días crecía nuestra complicidad y así, nuestras
conversaciones más íntimas, más personales. Teníamos tanto en común.
Una vez leí que, de la atracción física
puedes librarte fácilmente; solo cerrando los ojos, dejando de estar cerca del
otro… pero con la atracción mental, no pasa lo mismo; de una mente no te libras
ni cerrando los ojos.
No podía entender cómo teniendo tanta
facilidad para hablar, tanto tema y tanta confianza: el encuentro entre los dos
no se daba. Eso me frustraba más. Nunca nos reunimos, nunca uno aceptó ver al
otro según sus condiciones: no acepté verlo cuando me
llamaba borracho; él nunca aceptó verme a plena luz del día
bajo sus cinco sentidos. Sus “no puedo” podían más que cualquier cosa.
Un día de tantos, conversábamos sobre lo que
nos gustaba del sexo opuesto, basta decir que hubiese sido más breve decirme
que era yo el compendio de lo que le gustaba. No cabía en mí el entusiasmo.
Estaba extasiada. Pero el efecto duró poco, ¿olvidé mencionar que él olvidó
mencionar que tiene novia? Pues es así. La tiene.
Él no solo no deseaba verme, sino que él no
estaba disponible para mí. Más de una vez me descubrí riendo como tonta con
cualquier cosa que me enviara: una foto, una nota de voz, un chiste, o
simplemente uno de sus buenos días… Había caído. De alguna forma u otra, lo
virtual se me estaba metiendo muy dentro, y no sabía cuánto hasta que empecé a
considerar el hecho de que, su relación con ella, no me importaba mucho. A mí,
que juraba y perjuraba, que jamás me involucraría con un hombre ocupado, y
resulta que ahora me encontraba residiendo en el lugar del que tanto huí, de
aquello que tanto me fue inculcado. Era una dualidad, una ambivalencia en mí.
Quizás todo pude habérmelo inventado o
quizás malinterpreté nuestra confianza, pero ahí bien dicen que solo los niños
y los borrachos dicen la verdad… y él había estado más de un par de veces en
esa situación. Ebrio, me llamaba porque necesitaba verme. Era claro que estaba
tomado. No deseaba que nuestro primer encuentro fuese en tales
condiciones, y a escondidas.
La misma dualidad salía a flote porque la niña
buena, la criada por mamá, no aceptaría jamás una salida después de la
medianoche, mucho menos a escondidas y con un hombre ocupado, pero la mujer… la
dueña de su deseo y capricho, deseaba un montón estar de copiloto en su carro,
aun cuando fuesen las tres de la mañana.
Yo quería más, pero no estaba
dispuesta a ver y a aceptar que él no estaba dispuesto a dar lo que yo le pedía
de forma implícita.
Consejera, amiga, detractora, compañera, y
hasta de fan fungí para él. Aun cuando yo no obtenía lo que pensaba que quería
(su compañía) yo seguía dándome y dándome a él… No soportaba más la situación,
tenía que hacer algo para poder deshacer el mito y sacármelo del pecho de una
vez por todas. Le plantee vernos. Se negó. De forma burlona me rechazó; me
sentí tan desmoralizada, tan dolida, y decidí que lo mejor era dejar de hablar
con él, alejarme un poco, y me encerré a lamerme las heridas. Después de esto, en una nueva oportunidad,
me llamó a las 3 de la mañana, nuevamente borracho. Explicando que necesitaba
verme, me preguntó que qué pedía de él; me dijo que pasaría por mí, que
hablaríamos y resolveríamos las cosas, que yo no estaría molesta nunca más. En
ese momento, movida más por mi dignidad que por mi sentimiento por él, y muy
molesta: me negué. Más por orgullo que por sensatez.
Lo deseaba.
Lo deseaba
demasiado, pero esta era una prueba de poder, una lucha que yo necesitaba
ganar, necesitaba sentir que la pelota estaba en mi cancha.
Quería hacerle
creer que todo estaba controlado y que él no me tenía en su mano.
¡Qué
equivocada!, no solo me tenía en su mano, yo ya lo tenía en mi corazón.
No hablamos más por un tiempo. Todo ese
tiempo, casi unos tres meses, pensaba tanto en él. Había resuelto que quizás
era mi ego quien lo quería tanto, porque mi corazón no sería capaz de querer a
alguien que me rechazara de forma tan constante; estaba negada a creerlo. Lloraba,
de verdad lloraba. Estaba tan desconcertada. Él y yo no habíamos tenido una
historia común de amor: no había flores, azúcar ni colores. No habían besos, ni
piel. Solo simples provocaciones... En mi mente solo rondaba la idea del karma.
Eventualmente volvió.
Escribió de nuevo,
como si nada, como si aquel episodio de su borrachera hubiese sido un invento
cruel de mi mente. Yo lo agradecí. No estaba dispuesta ni preparada para
enfrentar lo que había pasado ni para echarle nada en cara. No estaba dispuesta
a escuchar de su boca lo que ya yo sabía. Él no sabe qué quiere. Y es un
fenómeno común, pero quién está dispuesto a escuchar por la persona deseada que
no eres tú lo que desea.
Yo no estaba dispuesta.
Todo siguió su curso. Él y yo seguíamos
hablando. Yo más alerta, a golpe y cuida. Menos apegada. Empecé a dejarle
hablando solo, a dejar de responderle en ocasiones. Eso lo extrañó. Me lo echó
en cara, y yo tenía listo el arsenal para atacar; y después de tanto callar,
exploté.
Le dije que me gustaba, como él ya lo sabía.
Me confesé.
Me parecía
injusto como él manejaba la situación a su antojo aun sabiendo mis sentimientos
por él, le apremié para que me explicara que era todo lo que le pasaba conmigo,
qué sentía y qué no. Le expliqué que lo nuestro me parecía ilógico, pues nunca
nos habíamos visto, que cómo podía sentirlo tan cerca si él estaba detrás de
una pantalla. Esta situación en la que estábamos involucrados a la que ninguno
se atrevía a ponerle nombre.
Y pasó lo peor: Me lo dijo.
Él no sabía qué
deseaba de mí, ni qué quería hacer conmigo.
Al principio deseaba solo tener
algo físico, pero luego se convirtió en algo más, otra cosa a la que él tampoco
pudo ponerle nombre. Devastada, volví a alejarme. Necesitaba poner espacio,
tener el control de mí misma. Era demasiado desconocido para mí el hecho de que
algo tan intangible fuese tan real en mi vida, y con tanto significado.
Hasta que nos encontramos en la calle…
Un día cualquiera, cenando con unas amigas
que, por supuesto, sabían toda la historia. Y no sé si fue algo divino, pero lo
sentí. Fue algo que me dijo que mirara en dirección a él, y ahí estaba. Debo
leerme tan novelesca y fantasiosa, pero así fue. Mi teléfono celular me lo
confirmó: él estaba escribiéndome que me había visto, que si yo lo había visto…
y así fue. Le contesté un tímido “Sí” la temeraria, con el arsenal, ya no
estaba. En su lugar, había solo una mujer con ganas de ser querida y
reconocida.
Me pasó por un lado como un alma que lleva el diablo, nervioso, y
algo me poseyó: me levanté de mi silla y lo llamé por su nombre. Y ahí estaba
él, con su metro ochenta y dos caminando hacia mí, y saludándome con un beso en
la mejilla. Ante la mirada atónita de mis amigas. Así como llegó, así se fue.
Trotando hacia su carro, lo vi nervioso y hasta un poco avergonzado. Era una
persona diferente, no el casanova al que estaba acostumbrada, era un ratoncito
asustado. Al llegar a mi casa, esa noche, tenía varios mensajes de él. Me decía
que no podía creer las casualidades de la vida, que aún tenía mi imagen en su
mente, y aun recordaba el sonido agudo y suave de mi voz. Ese fue el tema de
conversación de esa noche. Ese día descubrí que, igual que dentro de mí,
dentro de él hay dos personas pujando por salir.
La lucha del más fuerte.
La vida siguió.
Cada quien metido en sus
cosas, era poca la atención que podíamos darle al otro. Pensé diez mil veces en
enviarle, en llamarle, hasta que él lo hizo primero. Eso dio pie a la
conversación espontánea de nuevo. Yo estaba consolidando mis planes de mudanza
a otro país y él su grado de ingeniero. Era otra oportunidad para vernos. Pero
otra oportunidad que él desperdicio nuevamente, pero esta vez, explicándome el
porqué: deseaba conocerme en persona, deseaba verme, pero era más el miedo de
que lo nuestro se convirtiera en físico. El miedo pudo más que todo lo demás.
Su miedo. Aunque yo me había despojado de los míos para poder disfrutar de él
antes de irme del país. Nuestras disposiciones no estaban en sintonía.
Me repitió un par de veces todo el cariño
que sentía por mí, y de manera condescendiente me dijo que no sabía que lo
detenía de dar el paso. Yo le agradecí.
El dia de mi despedida, un par de días antes
de dejar mi país, fue la última vez que lo lloré. Me di la oportunidad de
llorarlo, pero para sacarlo de mi vida, de una vez y por todas. Para empezar de
nuevo. Ahora comprendo que aprendí varias cosas de él y a través de él. Esa
cobardia de él, estaba en mí también, de alguna u otra forma estaba
proyectándolo, y empezar a sacarlo de mí fue uno de los primeros pasos para
decidir hacer varias cosas en mi vida, entre esas, dejar mi país.
No volví a saber de él.
Y aquí estoy, en un país y en una cultura
diferente a la mía, pero dispuesta a empezar de cero y emprender. A alimentar
la mejor versión de mí. Tranquila, plena, y sintiendo. Con los ojos y el
corazón abiertos al mundo.
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martes, 2 de abril de 2013
Abril
No sé qué tiene Abril.
Me hace más sensible a mí
más insensible a ti
un dolor febril se instaló aquí
bien dentro, en el pecho
cerca de donde tocabas a placer
para mi placer
para mi bien.
Me tocabas con tus manos
con tu boca
con tu alma.
Pero ahora no,
es tarde.
Quiero tenerte, pero no quiero
es una ambivalencia amor
Ahora es tarde porque huyes
huyes de mí
huyes del compromiso tácito
implícito
huyes del deseo
huyes del amor
huyes de ti.
Juro que puedo ver cómo te escuece el miedo
cómo te presiona el miedo
cómo luchan tu amor, mi amor, con tu miedo.
¿por qué tanto miedo?
He de ser una criatura malvada
has de estar a mi merced
nadie puede salvarte
nadie puede salvarnos de caer en el amor.
Me hace más sensible a mí
más insensible a ti
un dolor febril se instaló aquí
bien dentro, en el pecho
cerca de donde tocabas a placer
para mi placer
para mi bien.
Me tocabas con tus manos
con tu boca
con tu alma.
Pero ahora no,
es tarde.
Quiero tenerte, pero no quiero
es una ambivalencia amor
Ahora es tarde porque huyes
huyes de mí
huyes del compromiso tácito
implícito
huyes del deseo
huyes del amor
huyes de ti.
Juro que puedo ver cómo te escuece el miedo
cómo te presiona el miedo
cómo luchan tu amor, mi amor, con tu miedo.
¿por qué tanto miedo?
He de ser una criatura malvada
has de estar a mi merced
nadie puede salvarte
nadie puede salvarnos de caer en el amor.
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Poesía
jueves, 28 de marzo de 2013
Cualquiera
Era un día cualquiera cuando te conocí
De una semana cualquiera
Una hora cualquiera.
Pudo haber sido cualquiera.
Tú eres más que eso...
Más como un tierno amigo
Como un beso de miel
Más como el vapor del café en una mañana fría
Más como una locura
Menos cualquiera, que un primer amor
Pero más inolvidable que cualquiera.
Cualquiera no eres tú
Cualquiera puede verse como tú
Pero jamás querer como tú.
Te quiero hoy
Quizás mañana lo haga
Pero siempre serás el lugar donde regresar.
Quizás cualquiera te quiera,
Pero ninguna como yo.
De una semana cualquiera
Una hora cualquiera.
Pudo haber sido cualquiera.
Tú eres más que eso...
Más como un tierno amigo
Como un beso de miel
Más como el vapor del café en una mañana fría
Más como una locura
Menos cualquiera, que un primer amor
Pero más inolvidable que cualquiera.
Cualquiera no eres tú
Cualquiera puede verse como tú
Pero jamás querer como tú.
Te quiero hoy
Quizás mañana lo haga
Pero siempre serás el lugar donde regresar.
Quizás cualquiera te quiera,
Pero ninguna como yo.
sábado, 25 de febrero de 2012
te he echado de menos
Desperté agitada, mi corazón corría a mil por hora, hiperventilaba y no paraba de pensar en el sueño de hace unos minutos. Mi cabeza martilleaba de dolor, éste sueño repetitivo volvía a mí..
"Sonó la puerta de la entrada, era un toque insistente y enérgico, -¿quién es? -dije, pero nadie contestó. Mi corazón iba acelerado, como potra rebelde. Abrí la puerta, y él estaba ahí
-¿puedo pasar? -preguntó, yo sólo supe afirmar con mi cabeza, y bajar mi mirada, que si pudiera, la misma hubiese derretido el porcelanato de mi piso.
Se paseó con parsimonia por mi sala de estar, cualquiera que no lo conociera podría pensar que estaba taciturno y pensativo, en cambio, yo sé que sólo está esperando el momento para abalanzarse sobre mí.
Le ofrecí café, se negó, de nuevo lo hice y rechazó hasta el té; la lluvia empezó a caer, haciendo estragos y creo que consiente de mi estado; me fui enfriando, y su mirada se volvió tan oscura como la noche antes del amanecer, sin siquiera darme chance de acostumbrarme a su presencia. Echada en mi sofa de terciopelo lila, mis pies reposaban en el aire, salidos del sofá, yo sólo embutida en mi bata de seda color salmón daba la impresión de un duendecillo, aun con mi cabello suelto, enmarañado por la cama.
-¿piensas quedarte allí toda la noche? -mi voz suave contrastó con el sonido del trueno que seguido de un rayo, iluminó la habitación.
Silencio.
Me miró fijo, repasando mi figura. Se acercó al sofa y se arrodilló ante mí, tomó mi pie derecho entre sus manos y empezó a masajearlo.
-¿cómo debo interpretar esto? -le dije cerrando mis ojos y recostándome hacia atrás, mi columna se iba relajando y mi respiración acompasando. Él no respondió.
-Voy por un poco de té -le dije con voz pastosa, y seguí mi camino por el corredor hasta la cocina, no lo oí caminar, sabiendo lo sigiloso como un gato que solía ser; tuve que contener un gemido de asombro cuando tomó de mi cintura y me rodeó con sus amplios, fuertes y tibios brazos, me volteó y puso sus ojos sobre los míos.
Era un juego del que más puede, para mí, hice prueba de mi autocontrol cuando un rayo iluminó mi cocina y con ella los ojos de mi amado, mi gran pesadilla. Miel.
Me besó.
Y lo sentí, en los más profundo y recóndito de mi ser... Fue como el trinar de las aves, mantequilla y azucar derretida, el abrazo de un ser querido, el despertar de un sueño eterno.. El sol sobre mi piel, canela y vanilla, y la arena debajo de mis dedos.
-Te encontré.. De nuevo- me dijo, primera vez que escuchaba su voz, y la vez número un millón que la reconocía."
Su voz acarició mi piel, sus palabras llenaron mi alma y me sentí plena, como cada vez que el hombre de mis sueños volvía a visitarme, pero a la vez; su visita dejaba sabor a hiel y a resignación, por no tener su olor a incienso cada noche acompañandome en mi cama.
"Sonó la puerta de la entrada, era un toque insistente y enérgico, -¿quién es? -dije, pero nadie contestó. Mi corazón iba acelerado, como potra rebelde. Abrí la puerta, y él estaba ahí
-¿puedo pasar? -preguntó, yo sólo supe afirmar con mi cabeza, y bajar mi mirada, que si pudiera, la misma hubiese derretido el porcelanato de mi piso.
Se paseó con parsimonia por mi sala de estar, cualquiera que no lo conociera podría pensar que estaba taciturno y pensativo, en cambio, yo sé que sólo está esperando el momento para abalanzarse sobre mí.
Le ofrecí café, se negó, de nuevo lo hice y rechazó hasta el té; la lluvia empezó a caer, haciendo estragos y creo que consiente de mi estado; me fui enfriando, y su mirada se volvió tan oscura como la noche antes del amanecer, sin siquiera darme chance de acostumbrarme a su presencia. Echada en mi sofa de terciopelo lila, mis pies reposaban en el aire, salidos del sofá, yo sólo embutida en mi bata de seda color salmón daba la impresión de un duendecillo, aun con mi cabello suelto, enmarañado por la cama.
-¿piensas quedarte allí toda la noche? -mi voz suave contrastó con el sonido del trueno que seguido de un rayo, iluminó la habitación.
Silencio.
Me miró fijo, repasando mi figura. Se acercó al sofa y se arrodilló ante mí, tomó mi pie derecho entre sus manos y empezó a masajearlo.
-¿cómo debo interpretar esto? -le dije cerrando mis ojos y recostándome hacia atrás, mi columna se iba relajando y mi respiración acompasando. Él no respondió.
-Voy por un poco de té -le dije con voz pastosa, y seguí mi camino por el corredor hasta la cocina, no lo oí caminar, sabiendo lo sigiloso como un gato que solía ser; tuve que contener un gemido de asombro cuando tomó de mi cintura y me rodeó con sus amplios, fuertes y tibios brazos, me volteó y puso sus ojos sobre los míos.
Era un juego del que más puede, para mí, hice prueba de mi autocontrol cuando un rayo iluminó mi cocina y con ella los ojos de mi amado, mi gran pesadilla. Miel.
Me besó.
Y lo sentí, en los más profundo y recóndito de mi ser... Fue como el trinar de las aves, mantequilla y azucar derretida, el abrazo de un ser querido, el despertar de un sueño eterno.. El sol sobre mi piel, canela y vanilla, y la arena debajo de mis dedos.
-Te encontré.. De nuevo- me dijo, primera vez que escuchaba su voz, y la vez número un millón que la reconocía."
Su voz acarició mi piel, sus palabras llenaron mi alma y me sentí plena, como cada vez que el hombre de mis sueños volvía a visitarme, pero a la vez; su visita dejaba sabor a hiel y a resignación, por no tener su olor a incienso cada noche acompañandome en mi cama.
sábado, 22 de octubre de 2011
Amor
Ay amor eres maduro
Maduro como una fruta
Como una flor, quizás
A la primera, eres un neonauta en búsqueda,
En ensayo y error, la verdad.
Amas sin medida, tu mundo se cae si el otro no está, si se ausenta o no corresponde.
Si algo te hiere, una coraza de hiel aparece
Parecido a crecer, tu amor envejece y no hay sentimiento parecido. todo se vuelve una cálida comodidad, como dos extraños diciéndose "Adiós" elegantemente.
Amas sin amar, quieres con límites
Los detalles se limitan a dos días del mes, y si acaso.
Aun cuando quieras más que un simple abrazo.
Los detalles no importan, no
El romanticismo no importa, no
la sorpresa, esa está de última, suplida por la costumbre
¡Tonta sorpresa!
¿Cómo dejarte reemplazar?
¿Cómo sobrevivirte costumbre?
¡Oh, amor!
Quisiera que fueras siempre joven,
Encontrarte la fuente de la juventud,
Otorgarte ese regalo,
Que tu no dejes de amar
Que yo no deje de esperar.
Seremos maduros, ambos, entonces.
Cuando el tiempo es efímero,
Tu verdad es relativa,
Y dos palabras se vuelve definitivas.
"Te amo" ¿cuánto valen para ti?
¿Por que dejar de esperar, amor?
La vida es tan bella, más aún con un amante
Erotismo, delicadeza, dulzura, inocencia. Todo y nada
El niño eterno
La verborrea de enamorado
El carmín de la inocencia
Los detalles del dar y no recibir, siempre unido a la espera y a la vida.
Sí, a la vida. Porque matarte, amor, significa no mencionarte, no practicarte
Porque la cama se me ha hecho grande y estoy esperando a mi acompañante, que apenas y me mantiene acobijado.
Pobre que sólo se conforma con esto
Y yo no quiero cambiarlo, por esto mismo amor
No quiero hablarlo, porque me cansé de dañarme y de esperarte
Y solo me conformo con un cómodo silencio y una amable compañía cada noche.
Maduro como una fruta
Como una flor, quizás
A la primera, eres un neonauta en búsqueda,
En ensayo y error, la verdad.
Amas sin medida, tu mundo se cae si el otro no está, si se ausenta o no corresponde.
Si algo te hiere, una coraza de hiel aparece
Parecido a crecer, tu amor envejece y no hay sentimiento parecido. todo se vuelve una cálida comodidad, como dos extraños diciéndose "Adiós" elegantemente.
Amas sin amar, quieres con límites
Los detalles se limitan a dos días del mes, y si acaso.
Aun cuando quieras más que un simple abrazo.
Los detalles no importan, no
El romanticismo no importa, no
la sorpresa, esa está de última, suplida por la costumbre
¡Tonta sorpresa!
¿Cómo dejarte reemplazar?
¿Cómo sobrevivirte costumbre?
¡Oh, amor!
Quisiera que fueras siempre joven,
Encontrarte la fuente de la juventud,
Otorgarte ese regalo,
Que tu no dejes de amar
Que yo no deje de esperar.
Seremos maduros, ambos, entonces.
Cuando el tiempo es efímero,
Tu verdad es relativa,
Y dos palabras se vuelve definitivas.
"Te amo" ¿cuánto valen para ti?
¿Por que dejar de esperar, amor?
La vida es tan bella, más aún con un amante
Erotismo, delicadeza, dulzura, inocencia. Todo y nada
El niño eterno
La verborrea de enamorado
El carmín de la inocencia
Los detalles del dar y no recibir, siempre unido a la espera y a la vida.
Sí, a la vida. Porque matarte, amor, significa no mencionarte, no practicarte
Porque la cama se me ha hecho grande y estoy esperando a mi acompañante, que apenas y me mantiene acobijado.
Pobre que sólo se conforma con esto
Y yo no quiero cambiarlo, por esto mismo amor
No quiero hablarlo, porque me cansé de dañarme y de esperarte
Y solo me conformo con un cómodo silencio y una amable compañía cada noche.
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