Vivía por mí, pero casi para él. Alguna vez llegué a pensar en dejarlo, es curioso, pero nunca pude hacerlo. Entre mi responsabilidad, pretendida, con él, con sus problemas, sus demonios, sus complejos, y lo que sentía por él, no sé qué llevaba la delantera.
Él nunca me necesitó, estemos claros, fue un espejismo, una proyección quizás. Yo necesitaba sentirme útil, que estaba queriendo a alguien, que tendría sentido la lucha; nunca lo tuvo.
Llegando al punto. Así quedamos. Él por su lado, alegando ser víctima, yo por mi lado, queriendo ser el verdugo, cuando no soy más que el producto de un sumiso.
Desde el principio, nunca estuve segura de quererlo tanto, no quería darme cuenta de que así era, disfrute como un espectador de cómo me abría hacia él, como "no involucrarme tanto" era mejor, lo creí enamorado, en un principio. Enamorado como pocos, capaz de hacer cualquier cosa: de mentir, de escaparse, de bajar cielo y tierra y poner a su amada por encima de todo; con el tiempo, las cosas se fueron "enfriando". Aquello se olvidó y se pasó a otra cosa.
Nunca lo entendí.
No es sano permanecer por tanto tiempo con quien te descalifica constantemente.
Llegué a pensar que lo mío era porque resaltaba todas las cosas malas de él, él se encargó de que yo lo hiciera, siempre. Tuvo sus cosas buenas, he de reconocerlo, pero la mayoría, por no decir que todas, fueron coaccionadas, obligadas por mis amenazas; estas cosas me hacían sentir bien al momento, pero luego me dejaban un mal sabor en la boca. ¿qué clase de relación llevo? pensaba, ¿necesito demandar cariño y atención? ¡no! nunca me quise responder, "me hacía la loca", creo que este es el problema de muchas de nosotras.
Nunca entendí porqué estuvo conmigo.
Desahogo al amor y al desamor. Cartas anónimas para ti, para ellos, para nosotros. Porque la poesía es cotidiana.
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lunes, 19 de noviembre de 2012
Como repartimos los amigos
viernes, 13 de enero de 2012
De tus supuestos y aparentes.
Las gotas de mis lágrimas dejaron su huella sobre mis mejillas, el marrón negruzco del rimmel manchaba mi rostro y, dejaba surcos y dibujos abstractos.
Restos de un corazón roto.
Sonaba The Corrs de fondo, Sanz hacía la segunda voz, y ya ni podía recordar el nombre la canción, era él...
El dolor en mi pecho iba descendiendo por mis pulmones, mi hígado, el bazo, por todo mi cuerpo; congelaba mis extremidades y estremecía mi estómago, era como el erizar de la piel cuando ésta es tocada por el agua congelada de la mañana. Un dolor seco, punzante, venenoso, invasivo y progresivo.
Su olor ya empezaba a desaparecer de mi cardigan color verde esmeralda, mi cabello enmarañado por sus manos recién empezó a alisarse y en mi boca estaba el sabor amargo de la verdad, mezclado con té natural y, aderezo Cesar.
Sus palabras aún resonaban en mi cabeza. "No puedo", "no es posible", "yo te amo", "quisiera poder hacer algo más". Pero aún así, mi mente jamás olvidaría las cosas que jamás hizo, las promesas dadas por alto, lo que daba por hecho y lo que no.
Querido, sabes que te amo. ¿Verdad?. Es penoso para mí decirte cuánto siento no comprenderte, entiendo, pero no comprendo. Y creo que ese es el problema, entrañablemente te necesito, te justifico siempre ante mí, ante todos; y eso no es lo que necesitas, querido. Mi necesidad dependiente va de lo amada que creo sentirme, de la ilusión que me creé, que nos creé. Porque estemos claros, amor; tú jamás te has entregado con pasión, con el desenfreno de la primera ilusión, con la incertidumbre de la espera, y el desinterés nulo que da el enamoramiento. Que, viéndolo desde mi punto de vista, nos puede durar hasta unos tres años, orgánica-mente. Pero, acaso, debemos esperar hasta tres años para saber que no me quieres como yo a ti, que no me amas así; y discúlpame, querido, me siento en extremo egoísta, tan sólo por pretender que me des un poco más de lo que doy, o sólo un poco de tu atención, querido. ¿Mucho pedir?
Esto te lo pregunté, pero no me respondiste. Las lágrimas amenazaban por caer, te hundiste en el pozo ambar de mis ojos, que a la hora del búho, ya venía siendo color ébano. Tomaste mi cuello, intentando besarme. No lo permití. Acariciaste mi cabello, como lo hiciste tantas veces.. aquellas tardes que pasábamos mirándonos a los ojos, sin más que una manta separándonos. Tomaste mis manos, besándolas sin cesar; juré ver una gota perlada en uno de tus ojos, pero creo que fue mi tonta imaginación, ilusa, la pobre, esperanzada.
Estoy cansada, amor. No quiero saber que lo intentas, quiero escuchar que lo haces. De tus supuestos intentos, de tus aparentes pruebas... Sólo quiero saber que me amas, ¿es mucho?. Que te importo, ¿es así? No puedo seguir contigo... Ésta debe ser la noche más difícil de mi vida, al menos, si te vas, no me sueltes. Si no vuelves, bésame y vete.
Y así, quedaron mis labios y mi corazón rotos... Mi cena en su casa, y su foto frente a mi cama.
Restos de un corazón roto.
Sonaba The Corrs de fondo, Sanz hacía la segunda voz, y ya ni podía recordar el nombre la canción, era él...
El dolor en mi pecho iba descendiendo por mis pulmones, mi hígado, el bazo, por todo mi cuerpo; congelaba mis extremidades y estremecía mi estómago, era como el erizar de la piel cuando ésta es tocada por el agua congelada de la mañana. Un dolor seco, punzante, venenoso, invasivo y progresivo.
Su olor ya empezaba a desaparecer de mi cardigan color verde esmeralda, mi cabello enmarañado por sus manos recién empezó a alisarse y en mi boca estaba el sabor amargo de la verdad, mezclado con té natural y, aderezo Cesar.
Sus palabras aún resonaban en mi cabeza. "No puedo", "no es posible", "yo te amo", "quisiera poder hacer algo más". Pero aún así, mi mente jamás olvidaría las cosas que jamás hizo, las promesas dadas por alto, lo que daba por hecho y lo que no.
Querido, sabes que te amo. ¿Verdad?. Es penoso para mí decirte cuánto siento no comprenderte, entiendo, pero no comprendo. Y creo que ese es el problema, entrañablemente te necesito, te justifico siempre ante mí, ante todos; y eso no es lo que necesitas, querido. Mi necesidad dependiente va de lo amada que creo sentirme, de la ilusión que me creé, que nos creé. Porque estemos claros, amor; tú jamás te has entregado con pasión, con el desenfreno de la primera ilusión, con la incertidumbre de la espera, y el desinterés nulo que da el enamoramiento. Que, viéndolo desde mi punto de vista, nos puede durar hasta unos tres años, orgánica-mente. Pero, acaso, debemos esperar hasta tres años para saber que no me quieres como yo a ti, que no me amas así; y discúlpame, querido, me siento en extremo egoísta, tan sólo por pretender que me des un poco más de lo que doy, o sólo un poco de tu atención, querido. ¿Mucho pedir?
Esto te lo pregunté, pero no me respondiste. Las lágrimas amenazaban por caer, te hundiste en el pozo ambar de mis ojos, que a la hora del búho, ya venía siendo color ébano. Tomaste mi cuello, intentando besarme. No lo permití. Acariciaste mi cabello, como lo hiciste tantas veces.. aquellas tardes que pasábamos mirándonos a los ojos, sin más que una manta separándonos. Tomaste mis manos, besándolas sin cesar; juré ver una gota perlada en uno de tus ojos, pero creo que fue mi tonta imaginación, ilusa, la pobre, esperanzada.
Estoy cansada, amor. No quiero saber que lo intentas, quiero escuchar que lo haces. De tus supuestos intentos, de tus aparentes pruebas... Sólo quiero saber que me amas, ¿es mucho?. Que te importo, ¿es así? No puedo seguir contigo... Ésta debe ser la noche más difícil de mi vida, al menos, si te vas, no me sueltes. Si no vuelves, bésame y vete.
Y así, quedaron mis labios y mi corazón rotos... Mi cena en su casa, y su foto frente a mi cama.
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